Mene, Mene, Tekel, Uparsin

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    En el capítulo cinco del libro de Daniel se narra la historia del rey Belsasar, sucesor del rey Nabucodonosor, quien ebrio del poder que le otorgaba el trono de Babilonia, ordenó la realización de un banquete para 1.000 de sus príncipes, sin contar sus cortesanos, mujeres y concubinas. Cuando su entendimiento estaba afectado por la ingesta de vino, ordenó traer los consagrados vasos de oro y plata que tomaron del Tempo de Jerusalén y utilizándolos bebieron vino, él y sus invitados y las mujeres y concubinas de ellos y acto seguido adoraron a sus dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y de piedra (no se olvidaron de ninguno, creados en la noche de su desobediencia y ayudados por azazel). Y cuando parecía que estaban en la mejor parte de su francachela, sucede un hecho sobre natural que encoge el corazón de los presentes en tremendo terror, una mano misteriosa aparece escribiendo unas palabras cuyo significado no pueden comprender totalmente, pero que produce, al rey Belsasar, una profunda preocupación e inmediatamente hace llamar a los sabios del reino quienes no pueden descifrar el mensaje hasta que nuevamente es requerida la presencia del Profeta Daniel quien, por inspiración divina, interpreta las fatídicas palabras, dichas en un momento cuando los actores están en abierta apostasía.

    Las palabras que se anotaron fueron: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.