La parábola de las diez vírgenes; que solamente se registra en el libro de Mateo, constituye una parábola aplicable especialmente, a los últimos tiempos (nuestro tiempo), cuando muy a pesar de los que sostienen que falta mucho para que el Señor venga, ya esté mas bien a la puerta; “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35). Es pues de carácter absolutamente imperativo que “alcemos nuestros ojos y miremos”, de manera que podamos observar las cosas que están sucediendo. La indiferencia, modorra o el adjetivo que queramos darle a nuestra actitud, que impide estemos activos espiritualmente en este tiempo de peligros mil, no significa otra cosa que estamos del lado del maligno y que nos espera un solo destino: la muerte eterna. Esta la razón por que el Señor ha dispuesto la presencia de “Atalayas”, tres para estos últimos tiempos, que sirvan para hacernos sacudir de toda esa capa de negligencia espiritual que nos caracteriza.