El Enemigo

“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.” (Romanos 16 : 25 – 27)

Prácticamente desde que somos concebidos, iniciamos nuestro conocimiento de la vida a través de las sensaciones de tranquilidad y perturbación, aspecto que crece en complejidad en la medida que pasa el tiempo cuando nuestros sentidos ganan en tamaño y en capacidad de distinguir entre lo que nos place y lo que nos produce molestia, que se manifiesta a través de sonrisas y sonidos básicos hasta lloros acompañados de gritos estridentes que tienen por misión mostrar nuestro estado de ánimo. Conforme pasa el tiempo, absorbemos más conocimiento al punto que aprendemos a distinguir lo que está bien de lo que está mal, en función de la normativa que recibimos que más allá de la discusión de la calidad de los conceptos, nos muestra la capacidad de distinguir entre uno y otro.. Hasta que finalmente, tenemos la capacidad plena para decidir por nosotros mismos lo que consideramos bien y lo apartamos de lo que consideramos mal. De suerte tal que en realidad no necesitamos que nadie nos explique sobre la existencia del bien y el mal, pues ya hemos aprendido que son dos fuerzas distintas y opuestas. Así es quizás la mejor explicación del verdadero significado del “libre albedrío”

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